Estudiar al sol
Hace más de 170 años, los científicos descubrieron las bases para aprovechar la energía solar. Pero hicieron falta otros 120 años para que el uso de la energía solar fuera técnicamente posible. Hoy, la llamada energía fotovoltaica forma parte esencial de nuestro suministro de energía. Una ciudad de España tuvo una idea muy especial para usarla y generar electricidad.
El desarrollo de la energía solar es una auténtica historia de éxito. A finales de los años cincuenta, la carrera espacial empezó a usar los primeros módulos solares para los satélites. Pronto se sentaron las bases para el uso de la energía solar. Hoy los módulos solares están por todas partes en nuestra vida. Alimentan tanto calculadoras como parquímetros. Cubren tejados y fachadas. Y también Sonnenglas® almacena los rayos del sol y con ellos produce luz.
Por el espacio, con la fuerza del sol (Copyright: NASA)
Hace casi 20 años, los responsables de la Biblioteca Pública Pompeu Fabra, en España, tuvieron otra idea brillante para aplicar con mucha visión el principio de la fotovoltaica, es decir, la transformación de la luz que incide en energía. Fue el primer proyecto de este tipo en la Unión Europea. La biblioteca abrió en 1997 en Mataró, España, y por dentro parece una biblioteca moderna típica. Luminosa, con mucha madera clara y vidrio.
Alta tecnología por fuera, conocimiento concentrado por dentro
Aquí sobra espacio. Como visitantes, podemos mirar hacia arriba hasta el techo. A la sala de lectura de arriba se accede con elegancia por una rampa. Pero el verdadero truco es otro. Porque los constructores de la biblioteca pública tuvieron una idea especial para iluminar el edificio.

En el lado soleado
La idea se entiende al salir de la biblioteca. La ciudad de Mataró, situada en la costa mediterránea, 20 kilómetros al norte de Barcelona, ha aprovechado la fuerza del sol para abastecer este edificio de 2640 metros cuadrados. Mataró tiene unos 100.000 habitantes. Aquí el sol brilla unas 2300 horas al año.
Visualmente, la biblioteca contrasta mucho con el campo verde. El edificio es rectangular, con una fachada principal de 225 metros cuadrados orientada al sur. Las células solares de silicio brillan en azul. Están instaladas en la fachada sur y así el sol las recarga constantemente. La fachada del edificio está formada por células solares policristalinas semitransparentes. En el tejado también hay otros paneles fotovoltaicos.
Gracias a esta construcción, la biblioteca produce suficiente electricidad para cubrir buena parte de sus propias necesidades. Si la luz del sol no basta, la biblioteca toma electricidad de la red. Y, al revés, si el generador fotovoltaico produce más energía de la que necesita, la vierte a la red.
En la sala de lectura, uno se ilumina de verdad.
Foto de cabecera © Biblioteca Pompeu Fabra