Cuatro cosas deciden si vas a disfrutar mucho tiempo de una linterna
solar.
Primero, la relación entre tiempo de carga y duración de la luz. Con
nuestro módulo de luz SOMO, la regla general es: una hora de sol de
verano almacena alrededor de una hora de luz. Y como no todas las
semanas son de verano, también se carga por USB-C.
Segundo, el brillo – medido en lúmenes. 100 lúmenes de luz blanca
cálida (3000 kelvin, sin parpadeo) bastan para leer en la mesa; una
noche rara vez necesita más. Más importante que el valor máximo es
poder regular la intensidad: en el nivel bajo, una carga dura hasta
100 horas, en el medio 28 y con el brillo máximo 5.
Tercero, la resistencia a la intemperie. IP65 significa: estanca al
polvo y protegida contra chorros de agua. Una linterna así puede
quedarse fuera todo el verano.
Cuarto, que se pueda reparar. Muchas luces solares van pegadas para
siempre – cuando la batería se cansa, todo acaba en la basura. Por eso
el SOMO es modular: el módulo de luz se puede sacar, sustituir por
separado y pasar del tarro a la Light Carafe y al Adventure Mount.
¿Y el precio? Cuéntalo en noches, no en lúmenes. Una linterna que dura
muchos veranos y se puede reparar es, al final, la opción más
económica.