Sonnenglas Bright Minds: Florian Henle
Florian Henle
Florian Henle es cofundador y director general de Polarstern, una compañía de electricidad y gas verdes para la que no se trata solo de hacer negocio. Antes ayudó a poner en marcha una start-up suiza en el campo de los lubricantes renovables. Florian Henle estudió Administración de Empresas Internacional. Hoy tiene 38 años y es padre de dos hijos – el primero nació casi al mismo tiempo que se fundó Polarstern.

Fundaste Polarstern en 2011. ¿Qué te movía entonces?
La culpa la tiene “el sentido”. Nosotros, es decir, mis cofundadores Jakob y Simon y yo, queríamos poner nuestro trabajo al servicio de algo bueno. Hacer algo con y para nuestro futuro. Conocíamos el mercado de la energía por nuestros trabajos anteriores y vimos en él un potencial enorme: aunque hasta el 80 % de la energía que necesitamos en casa se destina a la calefacción, cuando fundamos Polarstern en 2011 no existía ningún gas verde procedente al 100 % de fuentes renovables que además fuera competitivo y no contuviera cultivos energéticos ni biomasa de la ganadería intensiva.
Así que nos pusimos a desarrollar un producto así. Ese fue el origen de Polarstern. Desde entonces han llegado muchos otros productos. Vemos muchas oportunidades, sobre todo en la generación local de electricidad en los edificios – viviendas unifamiliares y bloques de pisos – y nos gusta abrir caminos nuevos. Nuestro objetivo está claro: desarrollar ofertas en este ámbito e impulsar de verdad la transición energética. Polarstern (“estrella polar”) se llama así porque queremos ser una estrella que marque el rumbo en el mercado de la energía – esa es nuestra ambición: cambiar el mundo con energía.

Vuestros productos se llaman, entre otros, “Wirklich Ökostrom” y “Wirklich Ökogas”. ¿Por qué?
El “Wirklich” (“de verdad”) en el nombre de nuestros productos expresa que siempre apostamos por una energía 100 % renovable y por una gestión sostenible. En esto no hacemos concesiones. Por ejemplo, somos totalmente independientes de las centrales nucleares y de carbón.
Lo que nos importa son ofertas sostenibles en todos los sentidos – y eso va más allá de un producto concreto. Un producto o una medida aislada se convierten enseguida en una hoja de parra. Nuestra visión de la empresa y de su actividad, en cambio, es más global y más auténtica. Como empresa social y miembro de la Economía del Bien Común, los aspectos ecológicos y sociales nos importan tanto como los económicos.
Con Polarstern quieres poner en marcha un movimiento. ¿Qué quieres decir exactamente?
En todo lo que hacemos tomamos como referencia valores orientados al bien común. Los comunicamos y los ponemos en práctica de forma intensa – y los hacemos certificar con regularidad por terceros independientes en forma de balance del bien común. Y en eventos y conferencias defendemos la Economía del Bien Común y el emprendimiento social. Al dar a conocer este enfoque económico y demostrar que lo social y los negocios van juntos – y muy bien –, sembramos y reforzamos una idea y ponemos en marcha un movimiento.

Cada cliente que se cambia a Polarstern apoya la construcción de una planta de biogás para una familia camboyana. ¿Nos cuentas más?
Al final, la transición energética solo puede funcionar si la miramos a escala mundial. Y precisamente ahí creemos que los países industrializados tienen el deber de ayudar a los países en desarrollo y emergentes a no cometer los mismos errores que nosotros y a no crecer a costa de nuestros valiosos recursos fósiles. Deberían tomar directamente el buen camino. Y ahí es donde actuamos con Polarstern, en Camboya.
En lugar de cocinar en fuegos abiertos, con un humo dañino e incluso mortal, quemando leña de los bosques o parafina, damos a las familias de allí la oportunidad de generar su propia energía. Y eso funciona muy bien con microplantas de biogás.
Casi todas las familias tienen vacas y/o cerdos, y su estiércol se usa para producir gas en las microplantas de biogás; el gas llega directamente a la cocina por tuberías. También se pueden conectar lámparas de gas. La gran ventaja: las familias no solo generan su propia energía, sino que además mejoran directamente sus condiciones de vida. Y es que un residuo de la producción de biogás es un abono orgánico estupendo que aumenta claramente sus cosechas en el campo. La microplanta de biogás es, por tanto, su puerta de entrada a una vida mejor, más sana y más sostenible.

Haz clic aquí para leer nuestra última entrevista “Bright Minds”, con la autora y guarda forestal Gesa Neitzel.
Las preguntas las hizo Nina Ryschawy.
Foto de cabecera © Polarstern