Sonnenglas Bright Minds: Dave Erasmus
Dave Erasmus
En nuestra serie “Bright Minds” te presentamos a personas muy especiales. Personas con ideas fuera de lo común que hacen realidad sus sueños, movidas por el deseo de cambiar, mejorar y dar forma al mundo. El británico Dave Erasmus (32 años) es una de ellas.
Con 32 años, Dave es un empresario y creador de éxito. El fundador de givey.com –una plataforma de donaciones que apoya proyectos benéficos en todo el mundo– siempre se ha interesado por la relación entre el ser humano y la tecnología, y por lo que significa una buena vida. Inspirado por un viaje a la selva tropical del Corcovado, en Costa Rica, Dave empezó un experimento en 2016. Se mudó a una cabaña en el bosque, la llamó Corcovado y vivió durante un año una vida a ratos conectada y a ratos sin conexión a la red. Ahora trabaja en Corcovado II. Puedes seguir a Dave Erasmus en YouTube.

En septiembre de 2016 decidiste vivir sin conexión a la red en una cabaña de pastor en el Sussex rural. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
Fueron varias cosas en mi vida las que me llevaron a ese momento. Con 21 años compré una casa con un amigo, enseguida construí al fondo del jardín una cabaña de troncos con un hoyo para hacer fuego y una bañera de agua caliente, y desde entonces viví allí. Así que, cuando hice un viaje de búsqueda interior a Costa Rica, a la selva del Corcovado, el lugar con más biodiversidad del planeta, para inspirarme, de repente me di cuenta de que quizá lo que me gusta es vivir en cabañas, y de que así es como quiero vivir. Hasta entonces solo lo hacía como una pequeña parte de mi vida, pero quizá debía convertirlo en la parte principal. En realidad fue un camino hacia mí mismo, para conocerme y entender qué me mueve. Una continuación natural del camino en el que ya estaba.
Corcovado es más que un simple experimento sin conexión a la red. En tu cortometraje “Once around the sun” dices que Corcovado es un “estado mental”. ¿Puedes explicárnoslo?
En realidad se trata de entender nuestro lugar en el mundo. Cuando no estamos conectados con el suelo, con la tierra, con el ecosistema en sentido amplio, es fácil creer que tenemos el control y que podemos producir cosas en línea recta sin preocuparnos por lo que pasa cuando caen por el final de esa línea recta. Es fácil que no nos importe el entorno en el que vivimos. Y, francamente, eso no lleva a buenas decisiones. Quería aprender del único sistema que ha demostrado su valía con el paso del tiempo: la ecología. Cuando digo que Corcovado es un estado mental, me refiero a lo que Corcovado representa. Allí donde surjan rincones de Corcovado en el mundo, ojalá representen un lugar natural y tranquilo que te permita reconectar con ese gran despliegue creativo del que todos formamos parte, que te permita dejar de lado el hacer para conectar con el ser y que, ojalá, te inspire a crear desde ahí, sea cual sea tu forma de creatividad. Entrar en ese espacio y crear con ese estado mental es un remedio contra el mundo abrumador en el que vivimos. Lo que va con ello es un estilo de vida a ratos conectado y a ratos sin conexión.

¿Qué ventajas tiene vivir en el mundo natural y en el digital?
Si tengo tiempo siquiera para pensar en cómo diseño mi estilo de vida, y si tengo la oportunidad de hacerme estas preguntas, es porque gané dinero creando negocios en internet. Pero la tecnología lo absorbe todo, y cuando nos dejamos arrastrar por los algoritmos y los intereses de distintas personas y empresas, no nos queda espacio para pensar con libertad e independencia, ni para colaborar de forma creativa y resolver juntos grandes problemas. En lo analógico podemos ir más hondo, inspirarnos y conectar más profundamente, y acumular una reserva de creatividad. Cuando después la compartimos con los demás y la llevamos hasta los confines de la tierra, con todo el mundo a solo una conexión de distancia gracias a internet, el efecto de esa inspiración puede llegar mucho más lejos y crecer mucho más rápido. En sí es algo neutro: puede ser bueno o malo. Pero para mí la diferencia clave es que podemos encontrar espacio, ese “estado mental Corcovado”, para volver a la capa base de la realidad. Ojalá la sabiduría de la ecología se transmita cuando nos comuniquemos unos con otros en todo el mundo, y ojalá esa sabiduría, ese pensamiento ecológico, impregne la esfera digital que estamos creando.

Corcovado creció y se convirtió en un gran proyecto. Ahora trabajas en Corcovado 2. ¿Puedes contarnos de qué se trata?
Este segundo año es un proyecto social, y lo es de tres maneras. Es social porque me he mudado un poco más allá, llevándome mis cabañas, a un lugar donde puedo tener conmigo de seis a diez personas, para compartir juntos esta experiencia sencilla y cercana a la naturaleza. Es social porque lo comparto en internet, tanto en mis vídeos de YouTube como en el pódcast “Around the open fire”, un programa con llamadas en el que escucho a espectadores y voces de todo el mundo y les pido que compartan sus historias. Y en tercer lugar es un experimento social porque intentamos crear caminos entre bases creativas en la naturaleza de todo el mundo. Se trata de huertos, donde personas como Jacks Patch experimentan con la diversidad y las semillas, cultivando cosas como maíz dulce morado y zanahorias blancas, esa diversidad de semillas que hemos perdido por la agricultura o la industria. También se trata de cafeterías como lugares de encuentro públicos, de cabañas en medio de la nada y de grandes centros como mi casa de campo en Sussex.

¿Qué conclusiones sacas de tu tiempo en Corcovado y cómo ha cambiado tu visión del mundo?
Creo que, en esencia, pasé de ser alguien que nunca tenía tiempo a ser alguien que tiene todo el tiempo del mundo. En lugar de imponerme al mundo e intentar meter cada vez más cosas, voy a intentar moverme de puntillas y disfrutar del espacio y de lo que surge de forma natural. Creo que ha cambiado por completo mi experiencia diaria de la vida: estoy dispuesto a seguir la aventura, vaya adonde vaya. Probablemente estoy viviendo la experiencia más rica de mi vida. Corcovado me ha hecho ir más despacio, me ha hecho amar el silencio y el simple hecho de ser, y me ha bajado un poco de mi pedestal egoísta, ese de pensar que mi plan es el mejor. Martin Heidegger dijo: “El hombre no es el señor del ente, sino el pastor del ser”. Creo que, a través de las herramientas que creamos, las conversaciones que tenemos y esa especie de inteligencia colectiva que construimos, los seres humanos estamos hechos para ser los pastores del ser. Y Corcovado me da el espacio para disfrutar de ese propósito.
Entrevista: nr
Fotos © Dave Erasmus